Por qué las fotos de WhatsApp pierden calidad
Las apps de chat están pensadas para entregar una foto en un segundo con una conexión móvil débil, así que envían una copia más pequeña, no tu archivo original. El propio centro de ayuda de WhatsApp dice que los archivos multimedia suelen comprimirse al compartirse, por lo que la calidad puede ser inferior a la del original. A cada foto que envías con la calidad estándar le pasan dos cosas.
Se reduce. Un móvil actual hace fotos de 12 a 50 megapíxeles. Cuando WhatsApp añadió las fotos en HD en agosto de 2023, las pruebas de la nueva opción midieron las fotos en calidad estándar en 1600 × 1052 píxeles, frente a un máximo de 4096 × 2692 en HD (ChannelNews, en inglés). Es decir, una foto estándar conserva bastante menos de 3 megapíxeles de un original de 12 megapíxeles. En la pantalla del móvil no lo notarás; al hacer zoom, recortar o imprimir, sí.
Se vuelve a guardar como JPEG de menor calidad. El JPEG descarta detalle en bloques de 8 × 8 píxeles, y casi todos los codificadores guardan además el color a la mitad de resolución que el brillo (lo que se llama submuestreo de croma 4:2:0). WhatsApp no publica sus ajustes exactos, pero el resultado se reconoce fácilmente:
- Bloques en zonas lisas como el cielo, las paredes y la piel, sobre todo en las partes oscuras de las fotos nocturnas.
- Halos: aureolas tenues y puntitos alrededor de los bordes y del texto (a veces se llama «ruido mosquito»).
- Color corrido: los rojos y azules intensos se salen de su borde, porque el color se guardó a media resolución.
- Textura plana y cerosa: el pelo, la hierba, la ropa y las hojas se convierten en manchas lisas.
- Bandas: los degradados suaves, como un atardecer, se rompen en escalones visibles.
Cada reenvío añade más. Una foto que se reenvía de grupo en grupo, se guarda, se recorta o se le pone un filtro y se vuelve a enviar se comprime otra vez encima del daño anterior. Tras unas cuantas vueltas, las caras se ven a parches y los bordes se llenan de halos. Las capturas de pantalla de fotos son el peor caso: copian la pantalla, no el archivo, y se vuelven a comprimir al compartirse.









